la resistencia a los antibióticos
Resistencia a los antibióticos: causas, riesgos y estrategias de prevención eficaces
La resistencia a los antibióticos se cuenta entre los mayores retos para los sistemas sanitarios en todo el mundo. Este artículo explica de forma clara cómo surgen las resistencias, por qué los centros asistenciales se ven especialmente afectados y qué medidas —en particular la higiene, la desinfección y los programas de Antibiotic Stewardship— ayudan de manera demostrada a prevenir la transmisión.
Índice
- Resistencia a los antibióticos: una crisis sanitaria global silenciosa
- ¿Cómo se desarrollan las resistencias a los antibióticos?
- Por qué los hospitales y los centros de cuidados están especialmente afectados
- La higiene como medida preventiva más eficaz
- El papel de los productos de un solo uso en la prevención de infecciones
- Antibiotic Stewardship: uso responsable de los antibióticos
- One Health, medioambiente y una mirada a la cueva de hielo
- Investigación, innovación y perspectivas de futuro
- Conclusión: la resistencia a los antibióticos es controlable, pero solo con una actuación coherente
- Bibliografía
Resistencia a los antibióticos: una crisis sanitaria global silenciosa
Los antibióticos se encuentran entre los avances médicos más relevantes del siglo XX. Desde el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming en 1928, fue posible tratar infecciones bacterianas que antes a menudo resultaban mortales. Cirugías, terapias oncológicas, trasplantes de órganos y la medicina intensiva moderna serían difícilmente concebibles sin antibióticos eficaces.
Sin embargo, este progreso médico está cada vez más amenazado.
Una amenaza creciente para la salud mundial
Las resistencias a los antibióticos se producen cuando las bacterias desarrollan mecanismos para eludir el efecto de un antibiótico. El medicamento pierde eficacia: la infección se vuelve más difícil de tratar o incluso intratable.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica la resistencia a los antimicrobianos (AMR) como una de las mayores amenazas sanitarias globales.¹
Un estudio ampliamente citado en la revista The Lancet estimó que en 2019 se asociaron en todo el mundo alrededor de 4,95 millones de muertes a resistencias bacterianas. Aproximadamente 1,27 millones de muertes se atribuyeron directamente a patógenos resistentes.²
En comparación: las infecciones resistentes a antibióticos ya se sitúan hoy en un orden de magnitud comparable al del VIH o la malaria.
También desde el punto de vista económico, la dimensión es considerable. La OCDE prevé que, sin contramedidas, las infecciones resistentes en Europa, Norteamérica y Australia podrían causar cientos de miles de muertes adicionales y generar costes de miles de millones para los sistemas sanitarios.³
Por qué se habla de una “pandemia silenciosa”
La resistencia a los antibióticos no se propaga de forma explosiva como un virus en una pandemia. Se desarrolla de manera gradual —a menudo sin ser detectada— en hospitales, centros de cuidados, atención ambulatoria, ganadería e incluso en el medioambiente.
Bacterias resistentes como:
- MRSA (Staphylococcus aureus resistente a meticilina)
- Enterobacterias productoras de ESBL
- VRE (enterococos resistentes a vancomicina)
- Patógenos resistentes a carbapenémicos (CRE)
plantean enormes retos a los centros sanitarios de todo el mundo.
El problema se agrava adicionalmente porque el desarrollo de nuevas clases de antibióticos avanza con lentitud. Mientras las bacterias se adaptan evolutivamente, la cartera de nuevos principios activos se estanca.
Delimitación clave: los antibióticos solo actúan contra bacterias
Un aspecto central en el debate público es la correcta clasificación:
Los antibióticos actúan exclusivamente contra bacterias, no contra virus.
Resfriados, gripe o COVID-19 son infecciones virales. Sin embargo, el uso innecesario de antibióticos en enfermedades virales acelera el desarrollo de resistencias, ya que se eliminan bacterias sensibles y sobreviven los gérmenes resistentes.
Por qué el tema afecta especialmente a los centros asistenciales
Los centros sanitarios están en el núcleo del problema de las resistencias:
- Alta prescripción de antibióticos
- Pacientes inmunodeprimidos
- Procedimientos invasivos (catéteres, ventilación, cirugía)
- Alta carga microbiana y contacto estrecho entre pacientes
Aquí se decide cada día si las resistencias se contienen o se siguen propagando.
Por ello, queda claro: la resistencia a los antibióticos no es solo un problema farmacológico o microbiológico. También es una cuestión de calidad estructural, higiene, prevención y actuación responsable.
En el siguiente apartado se explica cómo se generan biológicamente las resistencias y por qué son evolutivamente inevitables, pero se ven aceleradas de forma masiva por el comportamiento humano.
¿Cómo se desarrollan las resistencias a los antibióticos?
Las resistencias a los antibióticos no son un acontecimiento aleatorio, sino el resultado de procesos de adaptación biológica. Las bacterias poseen una capacidad extraordinaria para cambiar genéticamente y adaptarse a las condiciones del entorno. Bajo la presión selectiva de los antibióticos, este proceso se acelera de manera significativa.
Para comprender el problema, conviene revisar los mecanismos básicos.
¿Cómo actúan los antibióticos?
Los antibióticos interfieren de forma dirigida en procesos vitales de las bacterias. En función de la clase de principio activo, esto ocurre, por ejemplo, mediante:
- Inhibición de la síntesis de la pared celular (p. ej., penicilinas, cefalosporinas)
- Alteración de la síntesis proteica (p. ej., macrólidos, tetraciclinas)
- Interferencia en la replicación del ADN (p. ej., fluoroquinolonas)
- Inhibición de vías metabólicas centrales
Importante: estos puntos de ataque existen solo en bacterias; por eso los antibióticos no actúan contra virus.
Cuando se utiliza un antibiótico, las bacterias sensibles mueren. Si, no obstante, sobreviven algunos gérmenes con adaptaciones genéticas, pueden multiplicarse. Precisamente aquí comienza el problema de la resistencia.
Mutación y selección natural
Las resistencias surgen con frecuencia por mutaciones genéticas aleatorias.
Un ejemplo: si la estructura de una enzima o receptor bacteriano cambia mínimamente, el antibiótico ya no puede unirse de manera eficaz. La bacteria sobrevive, mientras que otras mueren.
Este proceso sigue un principio evolutivo clásico:
- Mutación aleatoria
- Presión selectiva por antibióticos
- Supervivencia de bacterias resistentes
- Multiplicación y transmisión de la resistencia
Cuanto más frecuente e inadecuado es el uso de antibióticos, mayor es la presión selectiva.
Transferencia horizontal de genes: las bacterias “comparten” resistencias
Resulta especialmente problemático que las bacterias no solo transmitan genes de resistencia a su descendencia, sino que también puedan intercambiarlos entre ellas.
Esta llamada transferencia horizontal de genes se produce, entre otros, mediante:
- Plásmidos (pequeños anillos móviles de ADN)
- Transposones (“genes saltarines”)
- Bacteriófagos (virus que infectan bacterias)
De este modo, una resistencia puede propagarse en muy poco tiempo entre distintas especies bacterianas. Incluso bacterias intestinales inocuas pueden transferir genes de resistencia a patógenos.
Este mecanismo explica por qué las resistencias se expanden tan rápidamente a escala global.
Patógenos multirresistentes (MRE)
Se habla de patógenos multirresistentes cuando las bacterias son insensibles a varias clases de antibióticos al mismo tiempo.
Ejemplos relevantes son:
- MRSA: resistente a meticilina y a otros antibióticos beta-lactámicos
- Enterobacterias productoras de ESBL: producen enzimas que inactivan muchas penicilinas y cefalosporinas
- VRE: resistente a vancomicina
- Enterobacterales resistentes a carbapenémicos (CRE): a menudo afectan a la última opción terapéutica disponible
Estos patógenos limitan notablemente las opciones de tratamiento y se asocian con mayor frecuencia a complicaciones, estancias hospitalarias más prolongadas y una mayor mortalidad.¹
Resistencia natural vs. adquirida
No toda resistencia es de nueva aparición.
- Resistencia natural (intrínseca): algunas especies bacterianas son, por naturaleza, insensibles a determinados antibióticos.
- Resistencia adquirida: surge por mutación o transferencia genética.
Los estudios han demostrado que ya existían genes de resistencia en muestras ambientales muy antiguas, incluso en permafrost de miles de años.²
La resistencia es, por tanto, un fenómeno evolutivo. Lo nuevo es la velocidad y el alcance de su propagación, influenciados de forma decisiva por la actividad humana.
Por qué el ser humano acelera el desarrollo
Varios factores incrementan la presión selectiva:
- Prescripciones excesivas o innecesarias de antibióticos
- Duraciones de tratamiento demasiado cortas o demasiado largas
- Uso de antibióticos de amplio espectro
- Uso de antibióticos en la ganadería
- Higiene insuficiente en los centros
- Movilidad global
En particular, en los centros sanitarios confluyen un uso elevado de antibióticos, grupos de pacientes vulnerables y contactos estrechos: condiciones ideales para la selección y la diseminación de gérmenes resistentes.
Con ello queda claro: el desarrollo de resistencias es biológicamente explicable, pero puede influirse mediante medidas estructurales, higiénicas y organizativas.
En el siguiente apartado se explica por qué los hospitales y los centros de cuidados desempeñan un papel clave en la dinámica de las resistencias.
Por qué los hospitales y los centros de cuidados están especialmente afectados
Los centros sanitarios están en el centro del problema de las resistencias. En ellos coinciden varios factores de riesgo: alto consumo de antibióticos, grupos de pacientes vulnerables, procedimientos invasivos y una elevada carga microbiana. Esta combinación crea condiciones ideales para la aparición y propagación de patógenos resistentes a antibióticos.
Alto consumo de antibióticos como presión selectiva
En los hospitales los antibióticos se utilizan con frecuencia, tanto de forma terapéutica como profiláctica, por ejemplo antes de intervenciones quirúrgicas. En particular en las unidades de cuidados intensivos, muchos pacientes reciben antibióticos de amplio espectro.
Cada administración de antibiótico genera presión selectiva: se eliminan bacterias sensibles, sobreviven gérmenes resistentes y pueden diseminarse. En centros con alta densidad de uso de antibióticos, este efecto se intensifica de forma notable.
El Instituto Robert Koch (RKI) señala periódicamente que el uso racional de antibióticos es una de las medidas centrales para prevenir resistencias.¹
Grupos de pacientes vulnerables
En clínicas y centros de cuidados se encuentran, por encima de la media, personas con:
- sistema inmunitario debilitado
- enfermedades crónicas
- edad avanzada
- heridas abiertas
- catéteres o accesos
- ventilación mecánica
Estos pacientes son más susceptibles a infecciones y, por tanto, también a infecciones por patógenos resistentes.
Especialmente problemático: incluso bacterias inocuas de la piel o del intestino pueden causar cuadros graves en personas inmunodeprimidas.
Procedimientos invasivos como puerta de entrada
La medicina moderna utiliza numerosos procedimientos invasivos:
- catéteres urinarios
- catéteres venosos centrales
- drenajes
- intervenciones quirúrgicas
- sistemas de ventilación
Estas medidas atraviesan barreras naturales como la piel o las mucosas, proporcionando a las bacterias acceso directo al torrente sanguíneo o a órganos internos.
Muchas infecciones nosocomiales (adquiridas en el hospital) están relacionadas con este tipo de intervenciones.
Infecciones nosocomiales: un riesgo infravalorado
Las infecciones nosocomiales afectan cada año a millones de pacientes en Europa.²
Los patógenos resistentes desempeñan un papel cada vez mayor. Entre los tipos de infección típicos se encuentran:
- infecciones de la herida quirúrgica
- infecciones urinarias
- neumonías asociadas a ventilación mecánica
- sepsis
Las infecciones resistentes se asocian con mayor frecuencia a:
- estancias hospitalarias más largas
- tratamientos más intensivos
- mayores costes sanitarios
- mayor mortalidad
Biopelículas y gérmenes persistentes
Otro factor es la formación de biopelículas.
Las biopelículas son comunidades bacterianas que se adhieren a superficies, por ejemplo en catéteres, implantes o dispositivos médicos. En esta estructura, las bacterias son especialmente resistentes a antibióticos y a medidas de desinfección.
Las biopelículas pueden favorecer infecciones crónicas y constituyen un reto específico para la higiene.
Transmisión por contacto
En los centros, la propagación de patógenos resistentes suele producirse a través de:
- manos del personal
- dispositivos médicos
- superficies de uso compartido
- materiales insuficientemente reprocesados
Aquí se evidencia claramente: la resistencia no es solo un problema farmacológico, sino también higiénico.
Una higiene de manos insuficiente o una desinfección deficiente de superficies puede contribuir a la transmisión de gérmenes multirresistentes, incluso cuando la terapia antibiótica se ha realizado correctamente.
Centros de cuidados: un reto específico
Las residencias y centros de cuidados también son relevantes en la dinámica de resistencias:
- contactos estrechos en espacios compartidos
- traslados frecuentes a hospitales
- residentes con enfermedades crónicas
- tratamientos antibióticos repetidos
Los estudios muestran que los patógenos resistentes pueden circular entre hospitales y centros de cuidados: el llamado “efecto puerta giratoria”.
Los centros como punto clave de la prevención
La buena noticia: los centros sanitarios no son solo zonas de riesgo, sino también lugares centrales de prevención.
Mediante medidas estructuradas, los centros pueden:
- interrumpir vías de transmisión
- ralentizar el desarrollo de resistencias
- aumentar la seguridad del paciente
La higiene, la desinfección, la ropa de protección y los procesos estandarizados desempeñan aquí un papel decisivo.
En el siguiente apartado se explica por qué las medidas de higiene coherentes —en particular la desinfección de manos, la desinfección de superficies y el uso adecuado de productos de protección— se consideran la estrategia más eficaz frente a la diseminación de patógenos resistentes.
Higiene y desinfección: prevención eficaz frente a gérmenes resistentes
La resistencia a los antibióticos no puede controlarse únicamente con nuevos medicamentos. La palanca más eficaz está en la prevención de infecciones y la interrupción de las cadenas de transmisión.
Cuantas menos infecciones se produzcan, menos antibióticos serán necesarios y menor será la presión selectiva sobre las bacterias.
Por ello, la higiene no es una medida complementaria, sino un componente central de la estrategia frente a las resistencias.
Higiene de manos: la medida individual más importante
Las manos son la vía de transmisión más frecuente de patógenos en los centros sanitarios.
La OMS define, con los “5 momentos para la higiene de manos”, indicaciones claras para la desinfección de manos:¹
- Antes del contacto con el paciente
- Antes de una tarea aséptica
- Después del contacto con material potencialmente infeccioso
- Después del contacto con el paciente
- Después del contacto con el entorno del paciente
La desinfección alcohólica de manos se considera el estándar de referencia, ya que es de acción rápida, bien tolerada y eficaz frente a la mayoría de los patógenos relevantes.
Los estudios muestran: una higiene de manos constante reduce de forma significativa las infecciones nosocomiales, incluidas aquellas causadas por gérmenes multirresistentes.
Desinfección de superficies y gestión del entorno
Además de las manos, las superficies cercanas al paciente también desempeñan un papel central:
- barandillas de cama
- mesillas
- pomos de puertas
- dispositivos médicos
- instalaciones sanitarias
Los patógenos resistentes pueden persistir en superficies durante horas o incluso días.²
Por ello es esencial una desinfección de superficies regular y validada con desinfectantes adecuados y verificados.
Son determinantes:
- tiempos de contacto correctos
- clases de principios activos adecuados
- personal formado
- planes de limpieza estructurados
Ropa de protección como barrera frente a la contaminación cruzada
La ropa de protección interrumpe cadenas de transmisión entre el personal, los pacientes y el entorno.
Elementos relevantes son:
- guantes de un solo uso
- batas de protección
- mascarilla (médica) o protección buconasal
- en su caso, mascarillas FFP
- cubrecalzado o protección para el cabello en determinadas áreas
Los guantes de un solo uso reducen el riesgo de transmisión directa de gérmenes, pero nunca sustituyen la desinfección de manos. Deben entenderse como una barrera complementaria.
Especialmente en contacto con patógenos multirresistentes o en medidas de aislamiento, la ropa de protección conforme a norma y de calidad verificada es imprescindible.
Por ejemplo, los guantes médicos desechables deberían cumplir como mínimo los requisitos de la EN 455 (productos sanitarios) y, según el ámbito de uso, estar además certificados como EPI conforme a la EN ISO 374.
Asimismo, las batas de protección deben cumplir, en función de la clasificación de riesgo, los requisitos del MDR o del Reglamento de EPI.
Medidas estructuradas de aislamiento y prevención
Ante la detección de patógenos multirresistentes se aplican medidas adicionales:
- aislamiento de contacto
- alojamiento en habitación individual
- aislamiento por cohortes
- equipos dedicados
- señalización clara y formación
Estos conceptos estructurados se definen en guías nacionales, por ejemplo por el RKI.
Por qué la prevención es más eficaz que los nuevos antibióticos
El desarrollo de nuevos antibióticos requiere tiempo, conlleva costes elevados y es científicamente complejo. Al mismo tiempo, las bacterias desarrollan tarde o temprano resistencias también frente a nuevos principios activos.
La higiene, en cambio, actúa de inmediato, independientemente del mecanismo de resistencia.
Cada infección evitada implica:
- ningún uso de antibióticos
- ninguna presión selectiva adicional
- ninguna diseminación de patógenos resistentes
Por ello, en la prevención moderna de infecciones rige:
La higiene protege frente a las resistencias.
La calidad y la estandarización como factor de éxito
Las medidas de higiene eficaces se basan en:
- productos certificados
- fabricación conforme a norma
- aseguramiento de calidad documentado
- personal formado
- procesos claramente definidos
Especialmente en centros con alta densidad de pacientes y grupos vulnerables, la combinación de desinfección validada, ropa de protección adecuada y una implementación coherente es determinante para la seguridad del paciente.
En el siguiente apartado se analiza con mayor detalle el papel de los productos de un solo uso —en particular guantes, batas y mascarillas— en la prevención práctica de infecciones y por qué su selección correcta y su calidad son relevantes para el control de resistencias.
Productos de un solo uso en la prevención de infecciones: barreras frente a la contaminación cruzada
Los productos de un solo uso son un componente central de los conceptos modernos de higiene. Su objetivo está claramente definido: interrumpir las cadenas de transmisión y evitar la contaminación cruzada.
Especialmente en el contexto de patógenos resistentes a antibióticos, la selección y el uso adecuados de productos desechables adquieren una relevancia particular.
¿Por qué de un solo uso y no reutilizables?
Los productos reutilizables no son problemáticos en sí mismos, siempre que se reprocesen correctamente. Sin embargo, en la práctica existen riesgos por:
- limpieza insuficiente
- errores en la desinfección
- esterilización defectuosa
- brechas organizativas
Los productos de un solo uso, en cambio, se desechan tras un único uso, eliminándose el riesgo de un reprocesamiento incompleto.
En particular en situaciones como:
- aislamiento de contacto
- procedimientos invasivos
- cuidado de heridas
- manejo de patógenos multirresistentes
el uso de productos desechables es un instrumento preventivo consolidado.
Guantes de un solo uso: barrera con un sistema
Los guantes médicos desechables reducen la transmisión directa de gérmenes entre el personal y el paciente.
No obstante, es importante:
- Los guantes nunca sustituyen la desinfección de manos.
- Su uso debe estar indicado según la situación.
- Deben cumplir las normas aplicables.
Para el ámbito médico, son especialmente relevantes:
- EN 455 (partes 1–4): requisitos para guantes médicos de un solo uso
- EN ISO 374: protección frente a productos químicos y microorganismos
- Clasificación conforme al MDR (UE 2017/745)
Por ejemplo, en los centros se utilizan con frecuencia:
- Guantes de nitrilo
- Guantes HIGH-RISK para una mayor carga mecánica o química
Gestión de superficies y soluciones higiénicas complementarias
Además del equipo de protección individual, otros productos de un solo uso también desempeñan un papel:
- delantales desechables
- manguitos
- cubiertas desechables para camillas
- sistemas de dispensación y extracción
Un flujo de materiales estructurado contribuye al cumplimiento de los estándares de higiene.
La calidad como factor de seguridad
No todos los productos de un solo uso ofrecen automáticamente una protección suficiente. Son determinantes:
- marcado CE
- conformidad MDR o EPI
- espesores de material verificados
- valores AQL documentados
- trazabilidad
- cadena de suministro controlada
Especialmente en el contexto de patógenos resistentes a antibióticos, no deben hacerse concesiones en cuanto a calidad del material o conformidad normativa.
Productos de un solo uso como parte de un sistema global
Los productos de un solo uso no actúan de forma aislada, sino en combinación con:
- medidas de desinfección
- formación
- Antibiotic Stewardship
- sistemas de vigilancia (surveillance)
Seleccionados correctamente y utilizados de forma adecuada, constituyen un instrumento eficaz para interrumpir cadenas de infección y, con ello, un aporte indirecto pero decisivo para contener la resistencia a los antibióticos.
En el siguiente apartado se explica cómo el uso racional de antibióticos —en el marco del llamado Antibiotic Stewardship— contribuye adicionalmente al control de resistencias.
Antibiotic Stewardship: uso dirigido y responsable de los antibióticos
Además de la higiene y la prevención de infecciones, el uso racional de antibióticos constituye el segundo pilar central en la lucha contra las resistencias. Este enfoque estructurado se agrupa bajo el concepto de Antibiotic Stewardship (ABS).
El objetivo es utilizar antibióticos solo cuando sea necesario, de la forma más dirigida posible y durante el menor tiempo clínicamente requerido, sin comprometer la seguridad del paciente.
¿Qué significa Antibiotic Stewardship?
Antibiotic Stewardship describe un concepto sistemático para optimizar la terapia antiinfecciosa.
Los objetivos centrales son:
- mejorar la calidad terapéutica
- reducir administraciones innecesarias de antibióticos
- minimizar efectos adversos
- ralentizar el desarrollo de resistencias
- reducir infecciones nosocomiales
En Alemania, ABS se apoya, entre otros, en recomendaciones del RKI y en guías de la AWMF.
Diagnóstico antes de la terapia
Un principio básico es:
«Primero diagnosticar, luego tratar, siempre que sea posible».
Antes de iniciar una terapia antibiótica, y siempre que sea clínicamente viable, deben tomarse muestras microbiológicas:
- hemocultivos
- urocultivos
- hisopos
- muestras de heridas
Así puede identificarse el patógeno y tratarlo de forma dirigida con un antibiótico de espectro estrecho, en lugar de iniciar de inmediato un preparado de amplio espectro.
Los antibióticos de amplio espectro aumentan de forma significativa la presión selectiva y favorecen el desarrollo de resistencias.
La sustancia, la dosis y la duración correctas
Otro principio central de ABS es la optimización de:
- selección del principio activo
- dosificación
- duración del tratamiento
Tratamientos demasiado cortos pueden ser ineficaces; tratamientos innecesariamente prolongados, en cambio, incrementan el desarrollo de resistencias y la tasa de efectos adversos.
Los programas modernos de ABS suelen recomendar:
- reevaluación temprana a las 48–72 horas
- desescalada cuando exista confirmación del patógeno
- cambio a terapia oral cuando sea posible
Equipos interdisciplinarios de ABS
En muchos hospitales trabajan equipos estructurados de ABS, integrados por:
- infectólogos
- microbiólogos
- farmacéuticos hospitalarios
- personal especializado en higiene
- médicos tratantes
Estos equipos supervisan prescripciones de antibióticos, analizan datos de resistencias y asesoran a los servicios clínicos.
Los estudios muestran que los programas estructurados de ABS:
- reducen el consumo de antibióticos
- disminuyen las tasas de resistencia
- pueden mejorar los resultados del tratamiento.¹
Conexión entre ABS y la higiene
Antibiotic Stewardship y la higiene no son conceptos separados, sino complementarios.
- La higiene previene infecciones → menos necesidad de antibióticos
- ABS reduce antibióticos innecesarios → menor presión selectiva
Ambos, en conjunto, conforman un sistema de protección eficaz frente a la propagación de patógenos multirresistentes.
El enfoque One Health
El desarrollo de resistencias no se limita a los hospitales.
El llamado enfoque One Health contempla:
- medicina humana
- medicina veterinaria
- agricultura
- medioambiente
El uso de antibióticos en la ganadería también puede promover genes de resistencia que lleguen al ser humano a través de cadenas alimentarias o vías ambientales.
Por ello, organizaciones internacionales como la OMS, la FAO y la OIE subrayan la necesidad de colaboración intersectorial.
Por qué Stewardship es decisivo a largo plazo
El desarrollo de nuevos antibióticos es científicamente complejo y, desde el punto de vista económico, poco atractivo. Al mismo tiempo, las bacterias se adaptan de forma continua.
Por ello es esencial un uso sostenible de los principios activos disponibles.
Los antibióticos son un recurso finito: su preservación exige una actuación estructurada.
En el siguiente apartado se aborda la dimensión global del problema de las resistencias, desde factores ambientales hasta hallazgos científicos sorprendentes en hábitats extremos.
One Health: medioambiente, ganadería y una mirada a la cueva de hielo
Las resistencias a los antibióticos no surgen exclusivamente en el hospital. Son el resultado de una interacción compleja entre medicina humana, medicina veterinaria, medioambiente y movilidad global. Esta comprensión integral se conoce como enfoque One Health.
One Health significa que la salud de las personas, los animales y el entorno está inseparablemente vinculada.
Genes de resistencia en el medioambiente
Los antibióticos y las bacterias resistentes llegan al medioambiente por distintas vías:
- excreciones de pacientes tratados
- aguas residuales hospitalarias
- residuos procedentes de la ganadería
- efluentes de producción de la industria farmacéutica
- aplicación de purines en la agricultura
Las depuradoras pueden eliminar muchos, pero no todos, los principios activos antibióticos o genes de resistencia por completo. En aguas y suelos se genera así una presión selectiva adicional sobre bacterias ambientales.
Los genes de resistencia pueden acumularse en comunidades microbianas y, posteriormente, volver a incorporarse a gérmenes patógenos.
Ganadería y cadenas alimentarias
En la ganadería, los antibióticos se emplean para tratar enfermedades bacterianas. Aunque en Europa su uso se ha regulado y reducido de forma notable en los últimos años, la medicina veterinaria sigue siendo un factor relevante en el fenómeno de las resistencias.
Los gérmenes resistentes pueden transmitirse al ser humano:
- por contacto directo con animales
- a través de productos cárnicos
- por vías ambientales
Por ello, estrategias internacionales —por ejemplo de la OMS, la FAO y la WOAH— adoptan un enfoque intersectorial para reducir el uso de antibióticos.
Movilidad global
El tráfico de viajeros, el turismo sanitario y las cadenas internacionales de suministro contribuyen a la diseminación mundial de patógenos resistentes.
La resistencia no es un problema local. Un germen multirresistente que surge en un país puede propagarse en cuestión de días a través de continentes.
La bacteria resistente de la cueva de hielo
Un ejemplo particularmente ilustrativo de la complejidad del tema lo aportó un estudio en el que investigadores demostraron genes de resistencia en permafrost de miles de años.¹
En muestras de cuevas aisladas y regiones de permafrost se identificaron genes que se asemejan a mecanismos de resistencia actuales, mucho antes de que el ser humano desarrollara antibióticos.
¿Qué significa esto?
La resistencia no es un fenómeno exclusivamente moderno. Las bacterias producen antibióticos naturales desde hace millones de años para competir entre sí, y otras bacterias desarrollaron mecanismos de protección como respuesta.
Lo nuevo es la velocidad con la que hoy se propagan las resistencias.
El ser humano ha generado una enorme presión de selección y diseminación mediante el uso masivo de antibióticos y la interconexión global.
Así, la “bacteria de la cueva de hielo” muestra dos aspectos:
- La resistencia está anclada evolutivamente.
- El incremento global actual está acelerado por la acción humana.
El cambio climático como factor adicional
Investigaciones más recientes sugieren que el aumento de temperaturas podría favorecer el crecimiento de determinadas bacterias e influir en la propagación de gérmenes resistentes.²
Además, el deshielo del permafrost podría liberar microorganismos hasta ahora encapsulados, un campo de investigación que actualmente se estudia de forma intensiva.
Por qué la prevención debe plantearse de forma intersectorial
Por tanto, el problema de las resistencias no puede resolverse únicamente en el hospital.
Se requiere:
- uso racional de antibióticos en medicina humana y veterinaria
- sistemas de aguas residuales eficientes
- sistemas de vigilancia global
- estándares de higiene en los centros
- cooperación internacional
La resistencia a los antibióticos es un problema global del ecosistema, con efectos locales en cada centro sanitario.
En el siguiente apartado se ofrece una mirada al futuro: ¿qué líneas de investigación e innovaciones podrían ayudar a frenar el desarrollo de resistencias o generar nuevas opciones terapéuticas?
Investigación y futuro: nuevas vías frente a las resistencias a los antibióticos
La lucha contra la resistencia a los antibióticos requiere más que prevención y uso racional de los principios activos existentes. En todo el mundo se investiga intensamente en nuevos enfoques terapéuticos, procedimientos diagnósticos y soluciones tecnológicas.
Al mismo tiempo, queda claro: no habrá una única “solución milagro”. Más bien será necesario un conjunto de innovación, medidas estructurales y cooperación global.
Nuevos antibióticos: avances limitados, pero relevantes
En los últimos años se han autorizado algunos nuevos principios activos, especialmente contra patógenos gramnegativos multirresistentes. No obstante, a menudo se trata de modificaciones de clases de sustancias ya existentes.
El desarrollo de nuevas clases de antibióticos es difícil por varias razones:
- altos costes de investigación y desarrollo
- duración corta de tratamiento (los antibióticos no se toman a largo plazo)
- baja atractividad económica frente a terapias crónicas
- rápido desarrollo de resistencias
Por ello, iniciativas internacionales buscan crear modelos de incentivos para la investigación en antibióticos.
Fagoterapia: virus contra bacterias
Un enfoque ampliamente debatido es la fagoterapia.
Los bacteriófagos son virus que infectan y destruyen bacterias de forma dirigida. A diferencia de los antibióticos, actúan de manera muy específica, a menudo solo contra determinadas cepas bacterianas.
Posibles ventajas:
- combate dirigido de patógenos resistentes
- menor impacto sobre la microbiota natural
- opción alternativa en infecciones resistentes al tratamiento
Sin embargo, existen retos en estandarización, encaje regulatorio y adaptación rápida a bacterias mutantes.
Vacunas como prevención indirecta de resistencias
Las vacunas reducen infecciones bacterianas y, con ello, también la necesidad de antibióticos.
Un ejemplo conocido es la vacuna neumocócica. Tras su introducción, se observó en varios países un descenso de neumococos resistentes a antibióticos.
Las estrategias de vacunación se consideran, por tanto, una medida indirecta, pero altamente eficaz para el control de resistencias.
Diagnóstico más rápido
Un problema clave en la práctica es el tiempo hasta la identificación del patógeno. Los cultivos microbiológicos clásicos suelen requerir 24–72 horas.
Los desarrollos modernos incluyen:
- tests moleculares rápidos
- procedimientos basados en PCR
- diagnóstico point-of-care
- análisis genómico de resistencias
Cuanto más rápido se identifica el patógeno, más dirigida puede ser la terapia y más fácil es evitar antibióticos de amplio espectro innecesarios.
Inteligencia artificial en la investigación de resistencias
Los sistemas basados en IA se utilizan cada vez más para:
- identificar nuevas estructuras de principios activos
- predecir patrones de resistencia
- apoyar decisiones terapéuticas
- analizar datos de vigilancia (surveillance)
Estas tecnologías podrían ayudar en el futuro a detectar antes la evolución de resistencias e iniciar contramedidas con mayor rapidez.
Por qué la prevención sigue siendo el factor más importante
A pesar de todas las innovaciones, se mantiene:
Ninguna línea de investigación puede resolver a corto plazo el problema mundial de las resistencias.
Los nuevos antibióticos —al igual que sus predecesores— acabarán enfrentándose antes o después a gérmenes resistentes. Por ello, siguen siendo:
- higiene coherente
- desinfección estructurada
- ropa de protección conforme a norma
- Antibiotic Stewardship
- cooperación internacional
los pilares fundamentales del control de resistencias.
La investigación amplía las opciones; la prevención asegura el presente.
En el apartado final se resume qué medidas ya son eficaces hoy y por qué los centros tienen una responsabilidad especial.
Conclusión: contener las resistencias mediante prevención y responsabilidad
La resistencia a los antibióticos no es un escenario futuro lejano, sino una realidad ya perceptible. Millones de infecciones en el mundo están relacionadas con patógenos resistentes. La medicina moderna —desde cirugías rutinarias hasta terapia intensiva— depende de antibióticos eficaces.
Las causas están científicamente bien comprendidas:
- presión selectiva por el uso de antibióticos
- transmisión en centros sanitarios
- movilidad global
- factores ambientales y de ganadería
- medidas de prevención insuficientes
Al mismo tiempo, está claro: las resistencias surgen evolutivamente, pero su velocidad y propagación están influidas de forma decisiva por la actuación humana.
Los centros tienen una responsabilidad particular
Hospitales, centros de cuidados y estructuras asistenciales ambulatorias son interfaces clave en el fenómeno de las resistencias.
Aquí se decide a diario:
- si se previenen infecciones,
- si los antibióticos se utilizan de forma racional,
- si los estándares de higiene se aplican de manera coherente.
Una higiene de manos consistente, una desinfección estructurada de superficies, ropa de protección conforme a norma y productos desechables con aseguramiento de calidad no son formalidades: son medidas concretas para interrumpir cadenas de infección.
Cada infección evitada reduce la necesidad de antibióticos.
Cada administración de antibiótico evitada reduce la presión selectiva.
La prevención actúa de forma inmediata y sostenible.
Los antibióticos son un recurso finito
El desarrollo de nuevos principios activos apenas puede seguir el ritmo de la capacidad de adaptación de las bacterias. Por ello, un uso responsable de los antibióticos disponibles es imprescindible.
Los programas de Antibiotic Stewardship, los sistemas de vigilancia (surveillance) y el enfoque One Health demuestran que la solución reside en una actuación estructurada e interdisciplinaria.
Una perspectiva realista y constructiva
La bacteria resistente hallada en permafrost de miles de años ha mostrado que la resistencia no es un fenómeno nuevo.
Lo nuevo, sin embargo, es la dinámica global y, con ello, la responsabilidad global.
La buena noticia:
Ya disponemos hoy de instrumentos eficaces:
- estándares de higiene basados en evidencia
- procedimientos de desinfección verificados
- productos de protección conformes a norma
- estrategias antibióticas estructuradas
- cooperación internacional
La resistencia a los antibióticos es una crisis silenciosa, pero no incontrolable.
Con prevención coherente, equipamiento de alta calidad y un uso responsable de antibióticos, su dinámica puede ralentizarse de manera significativa.
Bibliografía
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